La parábola del fariseo y del publicano - Lucas 18:9-14 (RV-1960)

LUCAS 18:9-14 (RV60)

18:9 A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: 18:10 Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. 18:11 El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; 18:12 ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. 18:13 Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. 18:14 Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.

Reflexión: El centro de la parábola gira en torno a aquellos que se creían justo por sus obras delante de Dios, y menospreciaban a los demás. Cristo vino al mundo a llamar a los pecadores al arrepentimiento, no a “justos”, pero estos que se consideraban “justos” estaban confiados en si mismos, se jactaban del cumplimiento externo de la ley mosaica, así lo dijo nuestro Señor Jesucristo en Mateo 23:28 “Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad”. El Salvador no vino abrogar la ley, sino a darle cumplimiento; por medio de la fe en Cristo Jesús somos justificados, y tocados por el poder del Espíritu Santo para hacer lo que a Dios le agrada, la ley estaría en la mente y en el corazón, por el nuevo pacto en su sangre. 

La parábola relata que dos hombres están orando en el templo, uno de ellos fariseo, que hace parte de un grupo religioso judío de la época de Jesús, el cual se jactaba en su oración de lo que hacia, a la vez que se diferenciaba y menospreciaba a un publicano, que eran cobradores de impuestos, muy rechazados por los judíos, pues los consideraban que traicionaban a su pueblo, pues algunos eran también judíos; como es el caso de Mateo(Leví) autor del primer evangelio. Pero este publicano, no se enaltecía de las cosas que hacia, sino al contrario pedía misericordia a Dios con un corazón humillado. Jesucristo les dijo a los que escuchaban su enseñanza que el publicano descendió a su casa justificado; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.
 

Dios quiere que entendamos que cuando vamos a Él, debemos ir con un corazón contrito y humillado, de ahí que la primera bienaventuranza de Mateo 5 se refiere a los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos, si decimos que vemos, en realidad estamos ciegos. Jesús se los dijo a los fariseos en Juan 9:41 “Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece”, por eso cuando vamos ante Dios”.

No ir a Jesucristo por medio de la fe y el arrepentimiento, hace que la vida este esclava a los deseos carnales que batallan en el alma. Cristo vino a traer luz en medio de las tinieblas, sino cambiamos moriremos en nuestros pecados.

 

Consejo Útil: Lee Lucas 18

Elaborado por Pr. Jair Sánchez O.

Ministerio El Mensaje de Jesús


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