EMDJ68-¿Qué significa niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame?-Mateo 16:24

Mateo 16:24

A sus discípulos Jesús les dijo: «Si alguno quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame.

El Señor Jesucristo les decía a todos los que querían seguirle, niéguese a sí mismo, tome su cruz y entonces sígame, pues al parecer esto se ha olvidado, y no se tiene muy presente en nuestro caminar como cristianos. Es tan común escuchar ahora que seguir a Jesús es que “Dios tiene un maravilloso plan para tu vida”, y también que “Él concederá todas las peticiones de tu corazón”, y aunque nuestro Señor nos dijo que del corazón provienen todos los males (Mateo 15:19), muchas personas persisten en que ser discípulo de Cristo es solo para satisfacer nuestros deseos egoístas.

Analizaremos el significado de negarse a si mismo, tomar nuestra cruz, y seguirle. ¿Qué quiso decir el Señor con estas palabras? ¿cómo nos afecta esto en nuestro interior? ¿Jesucristo nos ofrece un camino muy diferente al mundo?, todas estas inquietudes deben escalar en nuestro corazón para poder ver la grandeza de Dios en Cristo.

Niéguese a sí mismo, es decirle NO al crecimiento diario de nuestro Yo, al egocentrismo, a la autosuficiencia, y reconocer que, para vivir, necesitamos del aliento de vida que proviene de Dios, no podemos hacer nada, pero absolutamente nada por nosotros mismos que pueda llenar el vacío con que nacemos todos los seres humanos, que a merced del deseo engañoso orquestado por Satanás tiene muchas vidas esclavizadas al pecado. Pero hay que creer que Dios existe y sabe recompensar a los que le buscan (Hebreos 11.6), y es real, y llena todo vacío en el alma.  De ahí, que para muchos cristianos que no experimentan el crecimiento espiritual, buscan otro tipo de mensajes que satisfaga solo la comezón en sus oídos, sin una transformación real en sus vidas. Y si quieres tomar estas palabras tan famosas que “Dios tiene un plan maravilloso para ti”, entonces, te digo que este es el plan: Creer en Cristo, y morir al YO. Y aclaro, no es negar nuestra existencia, o ufanar un falso desprecio hacia nosotros mismos, sino estar juntamente con Cristo crucificado para vivir para Dios (Gálatas 2.20).  

Negarse a si mismo, es ir en cumplimiento a la voluntad de Dios para mi vida, y no al contrario, tratar nosotros de organizarle las cosas para que Él las apruebe. Es tener presente que como seguidor de Cristo seremos vituperados, burlados, amenazados, atribulados por causa del evangelio de Cristo, inclusive en nuestra propia familia por las decisiones que debemos tomar (Mateo 10.34-36). Nosotros debemos menguar para que Él crezca (Juan 3.30), y reconocer la grandeza del Señor, su Soberanía y su Gloria, y a la vez vamos experimentando su plenitud a medida que conocemos del amor de Cristo, en fin, que conozcamos ese amor que excede a todo conocimiento (Efesios 3.19).

Tome su cruz, no es para llevar cargas, pues las cruces romanas eran utilizadas para que fueran crucificados los que habían sido declarados culpables, y morían en ellas. De esa misma forma, Jesús nos llama a tomar cada uno su propia cruz, y morir a nuestros deseos egoístas, hacer su voluntad, llenarnos de su amor, de su Espíritu, que es la garantía de nuestra herencia eterna. Este tomar de nuestra cruz, también fue dicho en Mateo 10-37-39 “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí. El que ama a su hijo o hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará”, y nos va direccionando e implica también que nuestro amor por nuestros seres queridos no puede estar por encima del amor hacia a nuestro Señor Jesucristo, esto no significa, que no amemos a nuestros familiares, sino que en el amor de Dios reconocemos que solo en Él tenemos el verdadero refugio, consuelo y gozo, entre muchas otras bendiciones. Cuando Dios creo al hombre y la mujer, también lo hizo para que ellos experimentaran amor, pero teniendo presente que el amor hacia el creador debía ser siempre superior, porque de Él emana la vida, y la vida era la luz de los hombres. Cuando el pecado entró al mundo distorsionó esa comunión.

Por lo tanto, cuando una persona toma la decisión de seguir a Jesucristo, es un llamado en lo profundo de su alma, para que su amor este dirigido diariamente a Dios, y eso implica que le obedezcamos, guardando sus mandamientos (Juan 14.15, Juan 14.21, Juan 14.23), que no son gravosos (1 Juan 5.3).

Y sígame, no es solo es buscarlo por un milagro físico o problemas económicos, sino porque Jesús es el verdadero pan de vida. Cuando ocurrió el milagro de la multiplicación de los panes y peces, muchos lo buscaban solo para satisfacer su hambre, pero no lograban verlo como el pan vivo que vino del cielo (Juan 6.51), que da vida al mundo (Juan 6.33), y la da en abundancia (Juan 10.10). Se suele trabajar mucho por el pan que perece, porque se le presta más atención al sostenimiento de nuestros cuerpos, pero Jesucristo desea que trabajemos por la verdadera comida, la cual el hijo del hombre nos da (Juan 6.27). Seguirle, no es ir solo a la iglesia a oír sermones, entregar diezmos y ofrendas, es seguir las pisadas de Cristo (1 Pedro 2.21), y eso lo aprendemos a medida que nuestra alma se va inquietando con las tensiones que nos suceden en la vida, muriendo cada día a nuestro Yo, egocéntrico, que es causante de mucho desaliento, aburrimiento y falta de gozo.

 

En los matrimonios suele pasar tensiones y muchas discusiones que maltratan la relación, ya sea cuando uno de los miembros que dice ser cristiano o los dos comienzan a alejarse de Jesucristo en su interior, y hago mucho énfasis en el interior, porque hay muchas cosas que podemos hacer en las congregaciones, teniendo algún cargo en la iglesia, y nos jactamos de eso, pero en el fondo, el corazón puede estar alejado de Dios, pues donde esté tu tesoro, allí estará tu corazón (Mateo 6.21).

Ahora, ¿qué debemos hacer?, hay que tener fe en Dios y obedecer a Cristo, llenos de su Espíritu, y esto implica, dar muerte cada día a las pasiones carnales que batallan en el alma (Romanos 8.13, Colosenses 3.5, 1 Pedro 2.11), en este caminar nos pasamos toda la vida, pero hay una recompensa maravillosa, y es su presencia y gozo, cuando nos entregamos, y dejamos a un lado nuestros supuestos grandes sueños a conseguir en el mundo, es ahí, donde comienza la verdadera libertad (Gálatas 5.13-14), haciendo la voluntad de Dios, porque eso es lo que a Él le agrada (Colosenses 1.9-10), más por encima de toda esta distracción en la predicación moderna enfocada solo en enseñar en conceder deseos egoístas. Hay que recordar las palabras de Cristo, en esto conocerán todos que ustedes son mis discípulos, si se aman unos a otros (Juan 13.35).

Y no está demás decirles en las palabras de Cristo:

Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Porque ¿de qué le sirve a uno ganarse todo el mundo, si pierde su alma? ¿O qué puede dar uno a cambio de su alma?

Mateo 16.25-26

Así también, cualquiera de ustedes que no renuncia a todo lo que tiene, no puede ser mi discípulo.

Lucas 14.33

Elaborado por Pr. Jair Sánchez O.

Ministerio El Mensaje de Jesús


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