EMDJ78 – Señor, guíame por el camino – Salmos 119:33-40

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Salmos 119:33-40 RVC
33 Señor, guíame por el camino de tus estatutos, y yo los obedeceré hasta el fin.
34 Hazme entender tu ley, para cumplirla; la obedeceré de todo corazón.
35 Encamíname hacia tus mandamientos, porque en ellos me deleito.
36 Inclina mi corazón hacia tus testimonios, y no hacia la avaricia.
37 Aparta mis ojos de los dioses falsos, y dame vida para andar contigo.
38 Confirma tu palabra a tu siervo, porque este siervo tuyo te honra.
39 Aléjame del temor a la deshonra, porque tú eres bondadoso en tus juicios.
40 Ansío conocer tus mandamientos; ¡dame vida conforme a tu justicia!

Reflexión: Este salmo llega hoy al corazón a darnos reconfortamiento y consuelo para seguir por el camino estrecho que lleva a la vida (Mateo 7:14). Dios es nuestro Padre Celestial que quiere dar buenas cosas para sus hijos espirituales (Mateo 7:11), y como máxima expresión de ese amor nos ha dado a su Hijo Jesucristo como nuestro Señor y Salvador (Hechos 2:36) en el poder del Espíritu Santo. Si te encuentras sin aliento en tu alma, no intentes recrear tu mente con imágenes suaves de sutileza y distracción al mejor estilo de lo que ofrece el mundo secular, pues quiero decirte que nada eso podrá contrarrestar los deseos carnales que batallan en el alma (1 Pedro 2:11). Sus hijos que claman Padre nuestro que estás en los cielos (Gálatas 4:6) buscan esa ayuda que necesitamos todos los días para fortalecer nuestro ser interior. La meditación de estos ocho versículos de la estrofa ubicada en Salmos 113: 33-40, nos puede direccionar para estar en Él, haciéndolo en la intimidad de nuestro aposento cerrando la puerta hasta que la gracia y misericordia llegue desde arriba, y no poniendo la mirada en las cosas de la tierra. Debemos tomar este salmo como un cántico o una oración que debe hacerse con todo lo profundo de nuestro ser para que las promesas de nuestro Padre Celestial lleguen a nuestras vidas, ¡Oh Señor, guíame!.

La estructura de los versículos están formado por un clamor o ruego, cada uno desde el 33 al 39 empieza por verbo imperativo* y el 40 lo tiene en la segunda parte, tal como se describe a continuación, por lo tanto, los colocaré en negrilla para identificarlos:

33 Señor, guíame por el camino de tus estatutos, y yo los obedeceré hasta el fin.

Es un ruego pidiendo al Señor de los cielos guía o enseñanza para conocer sus estatutos, decretos, leyes y entonces los guardaré hasta el fin. Observen que una vez que la guía viene del cielo por el poder del Espíritu Santo podemos guardar sus mandamientos. No se nos olvide que nuestro Señor Jesucristo nos mandó a guardar sus mandamientos (Mateo 28:20).

34 Hazme entender tu ley, para cumplirla; la obedeceré de todo corazón.

Aquí vemos un clamor para tener entendimiento de su ley para cumplirla, pero debemos obedecerla con todo el corazón. El entendimiento es la facultad de la mente que permite aprender, entender, razonar, tomar decisiones y formarse una idea determinada de la realidad. A nivel espiritual para conocer las profundidades de Dios vienen dadas por su Espíritu, tal como reposa en 1 Corintios 2:10-13 “Pero Dios nos las reveló a nosotros por medio del Espíritu, porque el Espíritu lo examina todo, aun las profundidades de Dios. Porque ¿quién de entre los hombres puede saber las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así mismo, nadie conoce las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que entendamos lo que Dios nos ha dado, de lo cual también hablamos, pero no con palabras aprendidas de la sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, que explican las cosas espirituales con términos espirituales”.

35 Encamíname hacia tus mandamientos, porque en ellos me deleito.

Con respecto a la palabra encamíname, otras versiones utilizan las palabras dirígeme, hazme andar o guíame, pero todas enmarcan el mismo propósito es direccionamiento hacia los mandamientos de Dios, en ellos podemos deleitarnos, pero debemos ser honestos en este punto, pues lo que vemos en la iglesia de estos tiempos es que no se deleitan en los mandamientos de Dios, sino que desde los púlpitos muchos pastores han cambiado su mensaje colocando el ingrediente mundano para que los miembros de la congregación no se sienta aburridos o con un yugo difícil de llevar. En la carta apostólica de 1 Juan 5:3 “Pues éste es el amor a Dios: que obedezcamos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son difíciles de cumplir”; dice que no son difíciles de cumplir, pero la obediencia a su palabra debe estar sujeta al amor a Cristo, cuando cada uno se desprende del orgullo, arrogancia y rebeldía con que nacemos todos los seres humanos. El deleite en sus mandamientos solo ocurre cuando nos negamos a nosotros mismos, aprendiendo de nuestro Señor Jesucristo (Mateo 16:24).

36 Inclina mi corazón hacia tus testimonios, y no hacia la avaricia.

Con respecto a la palabra inclina, otras versiones utilizan las palabras hazme pensar, dame entusiasmo, ponme el deseo o ayudame a preferir, pero todas enmarcan el mismo propósito de direccionamiento, igual al que el ver. 35, pero aquí el clamor es alejarnos de la avaricia, es decir, el deseo desmedido por querer todo lo que ven nuestros ojos creyendo que con la obtención de ese objeto es la plena felicidad. Nos equivocamos si pensamos que la felicidad tiene que ver con la abundancia de los bienes que poseemos. Recuerden nuestro Señor Jesucristo nos dijo en Lucas 12:15 “ También les dijo: Manténganse atentos y cuídense de toda avaricia, porque la vida del hombre no depende de los muchos bienes que posea”, pero vemos que muchos se han extraviados de la fe por creer que es es el fin del hombre (1 Timoteo 6:10). El propósito del por qué existimos lo tenemos en Juan 17:24 “Padre, quiero que donde yo estoy también estén conmigo aquellos que me has dado, para que vean mi gloria, la cual me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo” , también lo vemos en Isaías 43:7 “ a todos los que llevan mi nombre. Yo los he creado. Yo los formé y los hice para gloria mía”, por tal motivo, si piensas que disfrutar la vida en este mundo es solo el disfrutar de los placeres de este mundo con la jactancia de las riquezas y de esa forma se obtiene la verdadera felicidad, entonces, debemos direccionarnos a lo que dice la Biblia al respecto. No es un llamado a la pobreza material, es un llamado a reconocer la necesidad espiritual (Mateo 5:3) de nuestra vida con un corazón contrito y humillado ante Dios. 

37 Aparta mis ojos de los dioses falsos, y dame vida para andar contigo.

En este versículo el ruego a Dios es apartar los ojos de los dioses falsos, en otras versiones dice vanidad, pero qué cosas en nuestra vida pueden ser vanidad, de esto tenemos bastante información el libro de Eclesiastés donde el autor expresa que cosas pueden convertirse en cosas que no edifican el alma. La vanidad es lo que es vacío de valor y de sentido. El término hebel contiene la idea de lo vaporoso, lo que se esfuma (“Todo es v.” Ec. 1:2, 14; 2:1, 11, 17, 26, etcétera). En once de los doce capítulos de Eclesiastés se usa esta palabra (unas treinta y seis veces). Los ídolos son v. (“… viento y v. son sus imágenes fundidas” [Is. 41:29]). La identificación es tal, que a veces el traductor pone “ídolos” en lugares donde la palabra original es hebel. Como en Dt. 32:21 (“Ellos me movieron a celos con lo que no es Dios; me provocaron a ira con sus ídolos”). La idolatría convierte en v. a los que la practican (“… se fueron tras la v. y se hicieron vanos” [Jer. 2:5]). También se usa con el sentido de futilidad. Job decía: “Déjame, porque mis días son v.” (Job 7:16).** Después de la súplica del salmista pide que le sea concedida la vida, esa vida espiritual que necesitamos para andar en los caminos de Dios. 

38 Confirma tu palabra a tu siervo, porque este siervo tuyo te honra.

Otras versiones traducen el versículo “Cumple tu promesa a tu siervo que te teme” RVA, “Confirma tu promesa a este siervo, como lo has hecho con los que te temen” NVI,  y esto va enfocado a que podemos clamar a Dios por la palabra que Él ha prometido. En el Salmo 119:49 dice “Recuerda las promesas que me hiciste, en las cuales he puesto mi esperanza”, y este ruego no es presuntuoso siempre y cuando esté enmarcado en la voluntad de Dios para sus hijos. También otro verso que nos da esa garantía de sus promesas se encuentra en 2 Corintios 1:20 “Porque todas las promesas de Dios en él son «Sí». Por eso, por medio de él también nosotros decimos «Amén», para la gloria de Dios”.

39 Aléjame del temor a la deshonra, porque tú eres bondadoso en tus juicios.

Otra versión dice “Ayúdame a abandonar mis caminos vergonzosos, porque tus ordenanzas son buenas”NTV. Este clamor va orientado a alejarnos de todo lo que puede causar vergüenza y oprobio por nuestras actuaciones como hijo de Dios que no estén en consonancia con el consejo de Dios. Este mismo clamor lo vemos en el Salmos  119:31 “Señor, yo me ciño a tus testimonios; ¡no permitas que sea yo avergonzado!”, también lo observamos en Salmos 39:8 “¡Líbrame de todos mis pecados! ¡No permitas que los necios se burlen de mí!»”. Otros versículos en esa misma línea, 1 Tito 2:6-8  “Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes; preséntate tú mismo en todo como ejemplo de buenas obras y muestra en la enseñanza integridad y seriedad, con palabras sanas e irreprochables, de modo que el adversario se avergüence y no tenga nada malo que decir de ustedes”. El reproche, el vituperio el oprobio por un mal testimonio no debe confundirse con el sufrimiento que recibimos en los insultos por causa del nombre de Cristo; prestemos atención tal como se expresa en 1 Pedro 4:14-16 “¡Bienaventurados ustedes, cuando sean insultados por causa del nombre de Cristo! ¡Sobre ustedes reposa el glorioso Espíritu de Dios! Que ninguno de ustedes sufra por ser homicida, ladrón o malhechor, ni por meterse en asuntos ajenos. Pero tampoco tenga ninguno vergüenza si sufre por ser cristiano. Al contrario, glorifique a Dios por llevar ese nombre”.

40 Ansío conocer tus mandamientos; ¡dame vida conforme a tu justicia!

Otra versión dice “He aquí yo he anhelado tus mandamientos; Vivifícame en tu justicia” RV60. Aquí debemos sincerarnos a nosotros mismos, estas palabras como ansiar y anhelar deben estar en el crecimiento de la vida espiritual, pero la verdad, si tomamos la palabra ansiar con el valor de todo su significado como un deseo intenso por algo, es posible que quedemos cortos en la profundización de este actuar, más bien, debemos reconocer que a veces buscamos de Dios como algo que debe ser ejercido por presión por temor a la muerte o dificultades que estemos afrontando por enfermedad u otra dificultad, entonces, nos desenfocamos de la gloria de Dios, de su exaltación, de su alabanza, en todo lo que puede producir en nosotros haber pasado de muerte a vida. Y si no estamos experimentando el ansiar y anhelar a Dios, entonces, tenemos que clamar a Dios por su llenura, por su palabra, por conocer a Cristo en el poder del Espíritu.

Solo en esta corta reflexión del Salmos 119:33-40 tomemos un tiempo para saber si realmente estamos en estas líneas como también se expresa en el Salmos 119: 147-149 “Clamo a ti antes de que amanezca, y me quedo esperando tu respuesta. Me mantengo despierto toda la noche para meditar en tus mandatos. Señor, escúchame, por tu misericordia; ¡dame vida, conforme a tu justicia!”. Siempre el clamor que el Señor nos dé vida está en su palabra, tal como nos lo dijo nuestro amado Jesucristo, en Juan 6:63 “El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha. Las palabras que yo les he hablado son espíritu y son vida”.

* Verbo imperativo es uno de los modos en que se conjugan los verbos del español, utilizado exclusivamente para impartir órdenes, hacer peticiones, ruegos o solicitudes de cualquier tipo, es decir, para hacer que el receptor actúe de alguna manera deseada. De allí su nombre, proveniente del latín impero, que se traduce como “mandar o dar órdenes”, o “Regir, ejercer el mando, gobernar”. Fuente: https://concepto.de/verbos-en-imperativo/#ixzz8HSSrlbk3

** Tomado de Alfonso Lockward, Nuevo diccionario de la Biblia (Miami: Editorial Unilit, 1999), 1045.

Elaborado por:

Jair Sánchez Ordoñez

Ministerio el Mensaje de Jesús

PASTOR | TEÓLOGO | FUNDADOR EMDJ

Jair Sánchez Ordoñez

Ministerio el Mensaje de jesús

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