Un análisis cristiano del concepto de los epicúreos

Hechos 17:18: También disputaban con él algunos de los filósofos epicúreos y estoicos. Y algunos decían: ¿Qué quiere decir este palabreroa? Y otros: Parece ser un predicador de divinidades extrañas—porque les predicaba a Jesús y la resurrección.

Cuando el Apóstol Pablo llega a Atenas, se encuentra con dos grupos de filósofos, los epicúreos y los estoicos (Hechos 17:18), aunque diferían en sus enfoques, estaban en la misma búsqueda, el estado de serenidad y plenitud, la supremacía del hombre, y la felicidad. En este artículo se tocará el grupo de los epicúreos, analizaremos su ética, y cómo debe ser evaluada a los ojos del cristianismo, para no caer en enfoques filosóficos inconscientemente, que termina con un vacío en el alma, que solo pueden ser llenado por Dios, en Jesucristo con el poder de su Espíritu.

Muchas de las cosas que vemos en la actualidad están plagadas de una vida centrada en la búsqueda de la felicidad egocéntrica, de ahí que tenemos muchas religiones, creencias, filosofías, e ideas de cómo alcanzarla. Es valorable observar como el cristianismo ha resistido durante varios siglos a toda esta altivez que se levanta en contra del conocimiento del Señor Jesucristo. Por lo tanto, es de vital importancia que como cristiano no leamos a la ligera en Las Escrituras la cita de Hechos 17:18, sino que profundicemos cuál eran las ideas y ética de los epicúreos, porque sin quererlo podemos estar haciendo los mismos esfuerzos por tratar de vivir el cristianismo con un pensamiento humano, tratando y solo enfocados en la felicidad egocéntrica.

Pensamiento de los epicúreos.

Epicuro de Samos (341–270 A.C.) fue el fundador de la escuela que lleva su nombre. Su padre era un ateniense que enseñaba gramática y su madre practicaba las ciencias ocultas. Era una persona físicamente débil que sabía sobrellevar con sobriedad sus sufrimientos. Poseía un carácter tímido y afectuoso lo que le ganó el aprecio de sus conciudadanos. A los treinta años de edad abre su primera escuela en Metilene y posteriormente la traslada a Atenas. Le tocaron vivir tiempos tumultuosos y trataba de enseñar a mantener el equilibrio y la calma en medio de la turbulencia. Daba sus lecciones en el jardín de su casa por eso se les denominaba los filósofos del jardín. Personas de todas las edades iban hasta el jardín de Epicuro buscando paz, comprensión y amistad. Eran austeros, menospreciaban los bienes materiales, descreían de la política y pensaban que la felicidad se alcanzaba por medio de la paz interior.[1]

ETICA: Para Epicuro la felicidad es el fin último del hombre y si el hombre quiere alcanzarla debe vencer dos temores: el temor a los dioses y el temor a la muerte. Sobre esta base desarrolla una ética atea. Identifica a la felicidad con el placer, pero considera que no se halla en las conquistas ni en el gozo pasajero, sino la ataraxia, es decir en la paz y equilibrio interior. Para conseguir ese estado se debía subordinar las inclinaciones sensuales a la razón y alcanzar la virtud gozando de las cosas con moderación. El estado de ataraxia lo consigue el sabio que acepta el proceso de la naturaleza, supera el temor a la muerte y se libra de preocupaciones temporales. Para ello desaconseja el matrimonio y las intervenciones en política, pero exalta la amistad. Para Epicuro el hombre está compuesto de una sutil red de átomos esféricos y la muerte es solo la disgregación de esos átomos. En ese momento el alma desaparece, por lo tanto, la muerte no debe generar ningún tipo de temor. Tampoco debe tenerse temor al destino, porque las cosas no están regidas por leyes sino por el azar, por lo tanto, el destino no existe. Nada en la vida humana depende de los dioses, ajenos totalmente al devenir humano. Cuando se acepta esto se entra en el estado de ataraxia. Toda la ética epicúrea es la consecuencia de su concepción materialista del universo.[2]

Esto no quiere decir que el hombre deba entregarse sin medida al placer, pues el sabio aspira, en realidad, a la ataraxia (ausencia de turbación), en la cual consiste la felicidad, mediante el equilibrio entre el goce y el dominio de sí mismo. Su metafísica era materialista, lo mismo que su gnoseología. Aunque admitía que en las esferas celestes hay dioses, decía que no se preocupaban de lo que ocurría en la esfera terrestre y que el sabio ha de vivir sin temor a ellos ni a la muerte. El epicúreo más famoso fue el poeta romano T. Lucrecio Caro (96–55)[3].

El alma humana es mortal dado que, como todas las cosas, está compuesta de átomos, aunque formada por los más perfectos, los redondeados y lisos. Desaparece con la destrucción del cuerpo. No hay que temer a la muerte pues, en primer lugar, nada se sigue tras la desaparición del cuerpo, y, en segundo lugar, la propia experiencia de la muerte no es tal: “el más terrible de los males, la muerte, no es nada para nosotros, pues cuando nosotros existimos, la muerte no existe, y cuando la muerte existe, nosotros no existimos” (Epicuro, “Carta a Meneceo”).
La Naturaleza ha puesto como objetivo de todas las acciones de los seres vivos (incluidos los hombres) la búsqueda del placer, como lo muestra el hecho de que de forma instintiva los niños y los animales tienden al placer y rehuyen el dolor. El placer y el dolor son pues los motivos fundamentales de todas las acciones de los seres vivos. El placer puro es el bien supremo, el dolor el mal supremo.

Los placeres y sufrimientos son consecuencia de la realización o impedimento de los apetitos. Distingue Epicuro tres clases de apetitos:

  • los naturales y necesarios: comer, beber, alimentarse; son fáciles de satisfacer;
  • los naturales pero no necesarios: como los eróticos; no son difíciles de dominar y no se necesitan para la felicidad;
  • los que no son naturales ni necesarios; hay que rechazarlos completamente.

Tipos de placeres: dado que el hombre está formado por cuerpo y alma habrá dos tipos generales de placeres:

  • placeres del cuerpo: aunque considera que son los más importantes, en el fondo su propuesta es la de renunciar a estos placeres y buscar la carencia de dolor corporal. Existen dolores del alma y dolores del cuerpo, pero el mal es el del dolor corporal pues el del alma es consecuencia directa o indirecta de los dolores del cuerpo presentes o venideros. No hay que temer el dolor corporal pues cuando es intenso e insoportable generalmente dura poco y cuando dura más tiempo es menos fuerte y más soportable. Cabe aliviar el dolor físico con el recuerdo de alegrías pasadas y en casos extremos con el suicidio.
  • placeres del alma: el placer del alma es superior al placer del cuerpo: el corporal tiene vigencia en el momento presente mientras que los del alma son más duraderos; además, los placeres del alma pueden eliminar o atenuar los dolores del cuerpo.

Aunque el placer es un bien y el dolor un mal, no es inteligente elegir siempre el placer y rechazar siempre el dolor: debemos rechazar los placeres a los que les siguen sufrimientos mayores y aceptar dolores cuando se siguen de ello placeres mayores. Antes de obrar hay que pesar cuidadosamente el placer o el dolor que se seguirá de ello y establecer un balance placer-dolor. No hay que renunciar a los placeres corporales sino ordenarlos y administrarlos de cara al bienestar físico y espiritual. La razón representa un papel decisivo en lo que respecta a nuestra felicidad: nos permite alcanzar el estado de total sosiego (ataraxia), de absoluta imperturbabilidad ante todo (Epicuro lo compara con el total reposo del mar cuando ningún viento mueve su superficie) y nos da libertad ante las pasiones, los afectos y los apetitos. El sabio alcanza la vida buena y feliz gracias a esta autonomía frente al dolor y los bienes exteriores, a los amigos con los que convive y a su aislamiento respecto de lo social. Finalmente, aunque la teoría de la virtud no tiene en esta escuela la importancia que le da el estoicismo, también encontramos en Epicuro una concepción y clasificación de las virtudes, aunque siempre subordinadas al fin último que es el placer. La virtud es necesaria para la felicidad, pero, según su filosofía, no hay que buscarla por ella misma sino porque en su realización se halla presente el placer. La filosofía epicúrea no tuvo etapas en las que destacados autores aportasen planteamientos o soluciones innovadoras. A pesar de todo fue bien acogida en el mundo romano, destacando la figura de Lucrecio (s. I a. C.). En el Renacimiento, con el resurgir del pensamiento griego, tiene clara influencia en algunos autores, particularmente en Lorenzo Valla (s. XV).[4]

Análisis cristiano del pensamiento de los epicúreos.

Vemos en nuestra sociedad una obsesión por “ser feliz” parece que el fin de la vida de todos es solo “ser feliz”, lo vemos en la televisión, publicidad, películas, periódicos, en los temas de conversación cotidianas, es decir, hay una marcada influencia de información para decirle al hombre el sentido de la vida, pero será eso lo que la Biblia dice sobre para qué fue creado el universo y los seres humanos. El fin por el cual Dios creó el universo y el hombre, fue para su gloria, y esto lo podemos ver en Isaías 43:7 “todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice”, en cuanto al universo en Salmos 148:4-5 “Alabadle, cielos de los cielos, Y las aguas que están sobre los cielos. Alaben el nombre de Jehová; Porque él mandó, y fueron creados”, por esa razón los seres humanos en lo más profundo de nuestro interior siempre necesitan adorar algo, por eso Dios envió a su Hijo a rescatar lo que se había perdido, por causa del pecado de Adán y Eva. Cuando una persona solo piensa en cómo me siento, qué me duele, qué quiero, está fundamentado su motivación en sus sentidos, y no vemos más allá de las cosas que Dios nos tiene preparado para los que le aman (1 Corintios 2:9), por los tanto la vida cristiana, es una vida de fe, puesta en nuestro Señor y Salvador, fuera de eso, comenzaremos a dar vueltas que al final termina en muerte.

En la ética de los epicúreos giraba en torno a encontrar la felicidad por medio del placer, pero según ellos debía ser equilibrado, aunque decían que los excesos pueden traer enfermedad y dolor, no tuvieron otros factores en cuenta para intentar poner límites. Decían que hay que vencer dos temores, uno es a los dioses y otra a la muerte, es decir, desarrolla un ateísmo, todo centrado en el hombre, no hay Dios para él. Hay que llegar al estado de ataraxia, es decir, paz y equilibrio interior, sin sobrepasarse en el placer, ya que se alcanza la virtud por medio de la razón, porque se supera el temor a la muerte y las preocupaciones temporales. Como creen en la inexistencia del alma cuando muere, solo se enfoca en esta vida, pero el Apóstol Pablo nos dice en 1ra Corintios 15:19 “Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres”. Pero a Epicúreo se le estaba escapando un tema importante, y es que el ser humano no puede controlar su naturaleza pecaminosa por medio de la razón o dominar su cuerpo por esfuerzos humanos, estaba más allá de su entender porque era ateo. Cuando una persona es esclava del pecado, esta bajo el poder de Satanás, cosa que, para este grupo de filósofos, parecía descabellado, pero no podemos negar la existencia del Diablo en el mundo, es imposible vencer el poder del pecado en nuestras vidas por medio de esfuerzos humanos, solo por la muerte y la resurrección de Cristo, el Diablo ha sido vencido.

Vivimos en una sociedad en que si algo nos satisface o les parece bien a todos, entonces está bien y nos conviene. Muchos piensan en el cristianismo como un mundo de restricciones, pero la Escritura dice que la buena voluntad de Dios, es agradable y perfecta, Él sabe que nos conviene como hijos de Dios, pero si somos rebeldes y con corazón obstinado, traeremos a nuestra vida el enseñoramiento del pecado que nos aleja de Dios.

Referente al estado de ataraxia de Epicúreo, no hay necesidad de llegar a ella para perder el temor a la muerte, ya que, por medio de la muerte de Cristo, podemos superarla, pues nos llega una esperanza viva, por medio del Espíritu Santo, y se va haciendo realidad en nuestros. Dios nos dió la garantía de la redención eterna, y no solo nos dió la promesa de que nuestra alma estarán con Él para siempre, sino que también nos prometió un cuerpo glorificado semejante al de su resurrección, porque el cuerpo actual que tenemos no puede heredar la vida eterna. En esta cita se amplía lo descrito, Hebreos 2: 14-15 “ Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre”, observamos que aquel que usurpaba tener la autoridad de la muerte, fue vencido por la muerte de Cristo, entonces, por medio de la fe en Jesucristo, tenemos vida nueva para Dios. Cuando nos convertimos al cristianismo y estamos influenciados en un mundo donde el evangelio se ha distorsionado, muchos cuando sufren, no quieren seguir, buscan un estado de no sufrimiento, pero como cristianos no es que estemos buscado el duro trato con el cuerpo, pero no podemos negar citas como 2 Timoteo 3: 12” 3:12 Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución”,  Mateo 10:37-39 “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.  El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará”, en el cual se observa que como cristianos seremos perseguidos, vituperados, afligidos por nuestra fe.

Epicuro decía “más terrible de los males, la muerte, no es nada para nosotros, pues cuando nosotros existimos, la muerte no existe, y cuando la muerte existe, nosotros no existimos”, pero tener este pensamiento está lejos de las Escrituras, ya que tenemos una esperanza de resurrección real, el cristianismo fue evento histórico, real, nada ficticio, aunque esperamos a Jesucristo por medio de la fe, creemos que un día lo veremos tal como Él es, no es una filosofía, una forma de pensar, un mito, una leyenda, es real, y sucederá, en las Escrituras nos ayuda la siguiente cita 1 Corintios 15:32-33 “Si como hombre batallé en Efeso contra fieras, ¿qué me aprovecha? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, porque mañana moriremos. No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres”. 

Como cristianos debemos enfocarnos a vivir para la gloria de Dios, siendo transformados de gloria en gloria, siendo más como nuestro Señor Jesucristo, reconociendo su Señorío, su poder, su gloria, no podemos vivir la vida para Dios sin Él mismo, Él nos prometió y efectivamente sucedió en no nos dejaría huérfanos nos dejó su Espíritu Santo, para fortalecerse en esta carrera que tenemos por delante, y algún tendremos la herencia eterna en Cristo Jesús. Su comunión nos ayuda a que estemos gozosos en su presencia, no va desligados contemplar su gloria trae gozo y paz.

Como conclusión de este artículo, podemos decir con toda certeza y sin temor a equivocarnos que hemos sido creados para la gloria de Dios, y disfrutar de Él para siempre, pero los epicúreos enseñaban sobre la ética, que el fin último del hombre es la felicidad. Muchos cristianos modernos no tienen esto en mente, y sin proponerse en el fondo de sus corazones anhelan las mismas cosas de este mundo, y es obtener la respuesta a ¿Cómo soy feliz? Hay algo paradójico entre los creyentes, de la cual he sido testigo entre más quieren solo ser felices, más infelices se ponen, ya que sus motivaciones están desenfocadas, y son egocéntricas. El hombre es rebelde, no quiere someterse a la voluntad Dios, y solo cuando nos doblegamos, y nos humillamos, entonces reconocemos que somos pecadores que necesitamos su perdón, Dios nos llena de su gloria, esperanza, con amor, gozo en el poder de su Espíritu.

Por medio del racionamiento humanos no podemos ser libres de la esclavitud del pecado, para ser libres necesitamos un milagro, de pasar del reino de las tinieblas al reino de la luz admirable, es por gracia, por su misericordia, por su bondad, el nuevo nacimiento lo produce Dios mismo en nuestra vida, el hambre y sed por Dios, viene de un corazón contrito y humillado, para recibir su maravillosa presencia, Dios lo prometió y lo cumplió, cuando le dio el pacto de la promesa a Abraham, y le dijo: en tí y tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra(Génesis 12.7, 22.18).

Dios quiere que en nuestro crecer como cristianos nos hagamos más semejantes a Cristo, sometiéndonos a su voluntad, entonces en medio de ese caminar en el Señor, entonces permite que podamos comprobar que su buena voluntad es agradable y perfecta.

 

Elaborado por:
Pastor Jair Sánchez
Ministerio El Mensaje de Jesús

 

[1]  Dellutri, S., & Dellutri, E. (2002). La aventura del pensamiento: Una introducción al fascinante mundo de la filosofía occidental (pp. 73–74). Miami, FL: Editorial Unilit; Logoi. Inc.

[2]  Dellutri, S., & Dellutri, E. (2002). La aventura del pensamiento: Una introducción al fascinante mundo de la filosofía occidental (pp. 74–75). Miami, FL: Editorial Unilit; Logoi. Inc.

[3] Lacueva, F. (2001). En Diccionario teológico ilustrado (1. ed. española., p. 261). Tarrasa, Barcelona: Clie.

[4]  http://www.e-torredebabel.com/Historia-de-la-filosofia/Filosofiagriega/Filosofiahelenistica/Epicureismo.htm


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